
Querido hijo Rafa, cuando tomé esta foto no muy lejos de lo que mamá y yo llamamos “tu loma”, no pude dejar de pensar en ti. Te explico el motivo por el que cada vez que miro al ciervo veo una parte de tu naturaleza reflejada en él, esa que yo tanto te admiro, ya sé que me vas a decir que exagero pero sabes que es cierto porque sabes lo que siento. A mí se me antoja altivo, se muestra en todo su esplendor, mira su porte es magnífico, casi arrogante, su mirada es fija, directa, no puedes esquivarla.
Y hay dos detalles que me llaman la atención en este ciervo aún un ejemplar joven, uno es físico se ve y son esas marcas en su piel, como las que nos va dejando la vida ya no sólo en nuestro cuerpo sino en nuestra alma y por último y la más importante tanto para mí como para ti, porque como tu padre he sabido siempre que es lo único que para ti tenía más importancia que todo y es tu libertad, ese ciervo, míralo bien, no es de nadie, jamás tendrá dueño, es libre. Si quisiéramos doblegarlo, domarlo, su espíritu, su libertad se nos escaparía como el agua entre nuestros dedos y el viento entre nuestras manos. Ahora eres más libre que nunca pero te sentimos tan cerca. Un beso de mamá y mío.
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