
Querido hijo Rafa, hace ya unos días y por estar más cerca de ti, bueno mejor dicho por estar en uno de los lugares que a ti tanto te gustan como es Cardeña, porque cercano a nosotros te sentimos siempre y en cualquier sitio, estuvimos pasando el día entre la Aldea del Cerezo, bueno ya nos viste pasear por el sendero, estar en tu loma, seguir el curso del arroyo Rabiavacas y después pasamos la noche y día siguiente en la Venta del Charco y visitando el sendero de Vuelcacarretas que no conocíamos, aunque ya sabes que sentimientos nos invadieron esos días, creo que a mamá y a mí nos vino bien estar por allí. En cierta manera nuestros ojos se llenan con parte de lo que tú viste, nuestros pasos posiblemente pisen por donde tú caminaste, así con cada mirada y con cada paso te imaginamos junto a nosotros, dejándonos atrás con tu larga zancada pero deteniéndote de cuando en cuando para ver si te seguíamos y estábamos bien. Rafa sigue tu paso, nosotros vamos despacito pero como antes no dejes de mirarnos y cuidar de nosotros, no te preocupes vamos contigo aunque te nos hayas adelantado, pero te seguimos sintiéndote delante de nosotros y eso nos hace un poco más llevadero nuestro caminar.
Sabemos que en cualquier recodo estarás esperándonos, con tu mirada puesta en nosotros, con una sonrisa de oreja a oreja y diciéndonos: “pues sí que vais despacio”. Rafa hijo, un beso muy fuerte, que tu zancada larga y ligera te lleve a tu cielo, allí nos veremos.