jueves, 8 de julio de 2010

EN NUESTROS CORAZONES


Rafa, hijo, hoy es tu cumpleaños y como el pasado año, mamá y yo hemos ido hasta donde tus alas te llevaron a formar parte de la eternidad y tu espíritu impregnó todos los seres que habitan esas sierras. Sentíamos la necesidad de estar allí y estar más cerca de la naturaleza de la que formas parte. Como siempre nos has regalado con un paisaje lleno de belleza y con seres magníficos, hoy nos has mostrado a los recelosos ciervos, a los esquivos gamos, a las cautelosas liebres. Pero hay algo me que ha llamado poderosamente la atención, en otras muchas ocasiones hemos oído el sonido del campo, especialmente, por ser más ruidosos, los de urracas y rabilargos, aparte de mirlas, abubillas, torcaces, .... Hoy no, hoy todo estaba en silencio, en varias ocasiones nos hemos detenido extrañados por ese silencio, por esa paz que todo lo invadía, los veíamos, sabíamos que estaban allí pero no hacían ruido alguno. Lo hemos entendido, Rafa, hijo, hoy, especialmente hoy no querían distraernos para dejarnos escucharte y sentirte muy dentro de nuestros corazones, era como si les hubieses dicho: “ hoy estaros muy calladitos que mis padres vienen a verme y necesitan que les hable con la voz del viento y que les bese con los rayos de Sol, luego cuando se alejen seguiremos cantando y corriendo por la dehesa, las sierras, los arroyos, el cielo”.

Gracias Rafa, hijo. Feliz cumpleaños.

viernes, 2 de julio de 2010

A TU LADO




Rafa, hijo, recordarás que todos los que fuimos aquel día a dejarte para que fueses libre y formases parte del viento, del Sol, del lince y del águila, de la encina, de los arroyos y de todo lo que es la Sierra de Cardeña, vimos a pesar de nuestro estado de ánimo, como un grupo de ciervos se nos acercó y permaneció impasibles relativamente cerca de nosotros, cuando lo normal es que se hubiesen ido debido a su naturaleza tímida y huidiza. Ya el verano pasado, cuando el estío dora el trigo y convierte en pasto todas las hierbas que brotaron con el agua caída, pude observar una estrecha vereda que se dirigía subiendo la pequeña loma hasta la magnífica encina que la corona, precisamente donde alzaste el vuelo, junto y alrededor de ella vi como había numerosos aplastamientos de este pasto, di una vuelta por los alrededores y no observé nada parecido. Encabezonado en descubrir qué podría ser el causante de esas por llamarlo de alguna manera “camas” en el suelo, una mañana casi al amanecer viajé hasta La Aldea del Cerezo y tras recorrer el sendero que lleva hasta tu loma, me acerqué con el mayor sigilo que pude y me lleve una gran alegría, en los hoyos hechos en el pasto había unos 15 o 20 ciervos, unos recostados, otros paciendo, otros simplemente olfateando el aire, eran la mayoría ciervas muchas de ellas acompañadas de crías y ciervos jóvenes. Muy quieto permanecí hasta ser descubierto, momento en que perezosamente se alejaron de allí. En esos breves instantes en que pude observarlos sin ser visto, mi corazón te dio las gracias por dejarme contemplar esa pequeña maravilla y por saber que ellos también sentían tu presencia allí y se sentían protegidos y a salvo entre tus alas. Después sabes que Mamá también me acompañó y los vio, porque quería que ella también se sintiese tan feliz como yo. Hace tan sólo unos días de nuevo he podido comprobar y fotografiar que de nuevo han vuelto a este mismo sitio junto a ti. Estamos convencidos que es un lugar especial. Gracias hijo.