
Rafa, hijo, hoy es tu cumpleaños y como el pasado año, mamá y yo hemos ido hasta donde tus alas te llevaron a formar parte de la eternidad y tu espíritu impregnó todos los seres que habitan esas sierras. Sentíamos la necesidad de estar allí y estar más cerca de la naturaleza de la que formas parte. Como siempre nos has regalado con un paisaje lleno de belleza y con seres magníficos, hoy nos has mostrado a los recelosos ciervos, a los esquivos gamos, a las cautelosas liebres. Pero hay algo me que ha llamado poderosamente la atención, en otras muchas ocasiones hemos oído el sonido del campo, especialmente, por ser más ruidosos, los de urracas y rabilargos, aparte de mirlas, abubillas, torcaces, .... Hoy no, hoy todo estaba en silencio, en varias ocasiones nos hemos detenido extrañados por ese silencio, por esa paz que todo lo invadía, los veíamos, sabíamos que estaban allí pero no hacían ruido alguno. Lo hemos entendido, Rafa, hijo, hoy, especialmente hoy no querían distraernos para dejarnos escucharte y sentirte muy dentro de nuestros corazones, era como si les hubieses dicho: “ hoy estaros muy calladitos que mis padres vienen a verme y necesitan que les hable con la voz del viento y que les bese con los rayos de Sol, luego cuando se alejen seguiremos cantando y corriendo por la dehesa, las sierras, los arroyos, el cielo”.
Gracias Rafa, hijo. Feliz cumpleaños.

