miércoles, 15 de agosto de 2012

ROSA DE LOS VIENTOS



Querido hijo Rafa, aunque no te escriba con letras todos los días te escribo con mi corazón. Te mando esta foto de ese viejo molino porque en cierto modo así me siento, te explico. Como observarás ha perdido una de sus partes más esenciales, sí efectivamente, sus aspas, sin ellas aunque sigue ahí no puede desempeñar la labor para que fue creado, en cierta forma así me siento desde que partiste, una parte de mi me falta. El tiempo lo ha deteriorado, ya no es aquel molino que movía orgulloso sus aspas al viento, ya aparentemente no tiene vida, el molinero, ese ir y venir de trigo convertido en harina, de gente que transitaba por el camino hasta él. Todo eso quedó muy atrás. Aunque lleno de heridas como te dicho ahí sigue altivo, peleando por no caer, dando cobijo a aquellos seres que aún se cobijan en él, acompañado de su fiel árbol. Muy de vez en cuando alguien casi tan viejo como él desde lejos lo mira y recuerda cómo era y posiblemente explique a sus nietos para qué servía y mientras esto suceda el molino seguirá allí, no con sus aspas y con su figura tan particular, sino en el recuerdo que es otra manera de vivir. Cuando la tierra o el cielo lo reclamen y ya no pueda más con sus viejas paredes y vigas, volverá a tener sus aspas girando como rosa de los vientos, su trigo, volverá a moler, verá de nuevo al molinero, a sus pájaros, a esos ratoncillos entre los sacos de harina, volverá a ser feliz. Sí ya no a los ojos de los hombres no estará pero quien lo lleve en su alma lo seguirá viendo. Un beso muy fuerte hijo.