Hace unos días alguien me preguntaba que si ya no “salía de minerales”, al oír la pregunta al principio me invadió una gran tristeza, pero rápidamente y recordando esos días, mi tristeza se torno en cariño e incluso creo que esbocé una pequeña sonrisa no llena de nostalgia pero cargada de un sentimiento dulce y agradable, no porque ya no vaya a ir nunca más “de minerales”, sino por las veces que contigo he ido y sencillamente la respuesta me salió del corazón y dije: “no salgo sin mi compañero”. En cuestión de segundos, los que tarde en responder, pasaron por mi cabeza ya no sólo tantos lugares a los que fuimos juntos, pensando que algún día íbamos a, como tú solías decir, encontrar el “piezón”. Creo y ahora estoy más seguro que nunca que tan sólo era una excusa para salir al campo, sentirnos libres, conocer sitios, picarnos entre nosotros, discutir una y mil veces si aquí o allí es mejor sitio, tomarnos nuestro bocadillo, sencillamente estar juntos pero cada uno a lo suyo, porque cuando te ponías a la faena perdías la noción del tiempo, cuántas veces he tenido que pararte para descansar, más yo que tú, con la excusa de beber un poco de agua o comentar cualquier cosa, de lo contrario no había manera de que parases. También recuerdo con mucho cariño, los preparativos que hacíamos, bueno yo me preocupaba de la intendencia (bocadillos, bebidas, gorras, guantes, etc, etc.), mirar cómo llegar, en fin lo que yo consideraba que teníamos que tener en cuenta pues pasábamos muchas horas fuera de casa y a la intemperie, porque eso sí salíamos hiciese frío o calor, a ti te daba exactamente igual. Tú tan solo te preocupabas de tu mochila, los periódicos para envolver y los utensilios para picar, si por ti hubiese sido hubiésemos salido sin comida ni agua. Menudos rebotes pillaba. Bueno luego venía el viaje, nunca olvidaré, cómo nos encantaba a ambos tomarnos muy tempranito, en el pueblo que estuviese más próximo a nuestro destino, unos buenos churros con café. Café que luego tenía sus efectos secundarios en ti. Qué bueno, te acuerdas. Al llegar otro rebote, ya no tenía compañero, desaparecías directo hacía la escombrera y cuando yo llegaba ya habías inspeccionado el terreno y no sólo eso sino que ya tenías hecho uno o varios hoyos por todos sitios. La jornada para ti transcurría en un instante, sólo parabas a la fuerza y para irnos me costaba trabajo que parases. Al final del día pasábamos momentos muy buenos porque seleccionábamos nuestras piezas y era el momento en me que tomaba la revancha, para picarte te decía que no habías cogido nada que valiese la pena, cuando no era así, eres mejor que yo, pero a ti te sentaba fatal y así entre bromas y mosqueos recogíamos y regresábamos a casa. No faltaba de regreso, la parada en alguna gasolinera pues te encantaba un refresco y una bolsilla de cualquier chuchería, eso no lo perdonabas. La llegada a casa, a veces bien tarde, era otro poema porque además aquí intervenía tu madre. Creo que después de tantas veces sabía lo que le esperaba pero no podía evitar un sofocón, lo recuerdo como si lo estuviese viendo, descargabas la mochila, extendías “tus trofeos” sobre los papeles en el suelo, llenabas todo de pedacitos y polvo de los minerales, a todo esto tu madre diciéndote que lo estabas poniendo todo perdido, pero nada tú a lo tuyo y si por casualidad desenvolvías alguna pieza que creías valiosa, te ibas directo a limpiarla con cepillo y agua, entonces ya era cuando tu madre resignada se rendía, porque de todas maneras no hacías ni puñetero caso. Así empezaban y terminaban todas nuestras salidas. Todo esto pasó, como digo, por mi cabeza antes de responder. Cuando pienso en nuestras escapadas soy feliz porque creo de momento sólo es un paréntesis, aún no han terminado y como buen compañero me estás esperando para retomarlas, así lo haremos, estoy deseando volver a ver tu sonrisa como cuando te decía que una pieza mía era mejor que una tuya. Rafa, querido hijo, estoy seguro que encontrarás “tu piezón” y yo estaré allí contigo. Pero esta vez te abrazaré y te daré un beso para decirte: enhorabuena compañero, esta pieza es magnífica.
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